El pasado jueves, 12 de febrero, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la UDC organizó la fase local de la III Edición del Concurso Nacional de Puentes Agustín de Betancourt, un concurso que de desarrolla en muchas universidades españolas bajo la coordinación de las Escuelas de Caminos.
Se trata de la primera ocasión en la que la Universidade da Coruña participa en este certamen: una jornada en la que el alumnado combina creatividad, ingenio y entusiasmo para diseñar y construir pequeños puentes, que primero deben defender en una presentación pública y posteriormente someter a un ensayo de carga. Un formato que permite disfrutar de la ingeniería en directo, desde la idea inicial hasta el colapso controlado de las estructuras.
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En esta edición, personal investigador adscrito al CITEEC participó activamente en la organización del evento: Gemma Rojo como presentadora; Aitor Baldomir y José París como responsables de los ensayos; y Arturo Antón, Santiago Hernández y Luis Ramírez como miembros del jurado.
Tras varios momentos de tensión, el jurado falló que el grupo ganador sería Los Isostáticos, formado por Diego Cacabelos, Fernando Pérez Mercere, Miguel López Peinó y Alejandro Vizoso Sautúa, estudiantes del Grado en Tecnología de la Ingeniería Civil. El equipo representará a la UDC en la fase nacional, que se celebrará los días 6 y 7 de marzo en la Escuela Politécnica de Valencia, junto al resto de Escuelas de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.
Más allá de su carácter competitivo, este tipo de iniciativas pone de manifiesto el valor de la ingeniería como disciplina aplicada, creativa y profundamente conectada con la sociedad. Actividades como este concurso permiten al estudiantado enfrentarse a retos reales, desarrollar habilidades técnicas y comunicativas, y comprender de forma práctica conceptos estructurales fundamentales.
Asimismo, contribuyen a despertar vocaciones, reforzar el trabajo en equipo y acercar la ingeniería a la ciudadanía, mostrando de forma tangible cómo las infraestructuras que forman parte de nuestro día a día nacen del conocimiento, la experimentación y la colaboración. En este sentido, el concurso no solo representa una experiencia formativa de gran valor, sino también una oportunidad para inspirar a las futuras generaciones de ingenieros e ingenieras y poner en valor su papel clave en el desarrollo sostenible de la sociedad.
